jueves, enero 04, 2007

TEMA TRASCENDENTE DEL DÍA

Vía Pública

La Cascada: Alzas de Precios

Por Fausto Fernández Ponte

SE inició 2007 con un sucedido ominoso: aumento en los precios de los bienes y servicios de consumo necesario --o básico--, lo cual, predeciblemente, tiene efectos negativos que no huelga señalar.

Y el primer efecto --obvio antójase-- tiene expresiones perversamente corrosivas, diabólicas diríase: los egresos familiares aumentan, pero los ingresos no. La disparidad es espectacular.

Cierto. El aumento de un pesos 90 centavos al salario mínimo está situado a la zaga de las alzas en los precios. Y, por si fuere magro lo anterior, el ingreso ha perdido poder adquisitivo.

Ese aumento exhibe componentes macabros, pues tiene un referente valorativo en centavos que, irónicamente, ya no existen en México excepto, tal vez, como un atavismo de abstracciones inferidas.

Incluso, pensar en centavos es virtualmente imposible para la inmensa mayoría de la población infantil, adolescente y adulta joven de México que jamás ha visto esa unidad en su vida.

El centavito ha sido reemplazado por la moneda de diez centavos, que equivaldría a un centavo --un penny-- de dólar estadunidense, lo cual sitúa a nuestra inexistente céntimo a algo sin valor.

Pero no nos desviemos del tema. Según estudios confiables --de la propia Universidad Nacional Autónoma de México--, el poder adquisitivo del salario ha sufrido una erosión dramática.

Así es. Desde 1980 a la fecha --un cuarto de siglo-- el salario ha perdido ese poder en un 60 por ciento, aunque si nos remontamos a 1960 esa erosión es hasta del 80 por ciento, si no es que más.

Ese es un verismo insoslayable, confirmado una y otra vez por las investigaciones de campo y, sobre todo, por la propia experiencia vivencial de los millones de mexicanos en la pobreza.

Muchos millones de connacionales viven con el equivalente, en pesos, de un dólar estadunidense al día. Y a los que mejor les va --muchos millones más--, con dos dólares diarios.

Ello significa que el ingreso familiar permitía hace 25 años --o cuatro décadas atrás-- adquirir bienes y servicios de consumo necesario o básico en mínima suficiencia. Hoy, no.

Hoy, un salario mínimo no permite que, contrario a lo que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un recipiendario salarial de esa magritud no puede subsistir.

Mas no sólo eso. No se puede subsistir ni siquiera con dos o tres o cuatro o cinco o seis salarios mínimos. Un recipiendario lisa y llanamente no puede subsistir.

Las consecuencias de esta realidad son dramáticas y, cabría decirlo, espectaculares. Nos describe un estado de opresión para la inmensa mayoría del total de mexicanos.

Esa opresión es, dicho sea sin adjetivos calificativos, es monstruosa, pues se sustenta sobre una base amplia de supuestos sofisteros y, ergo, falaces. Vivimos, pues, oprimidos.

¿Y cómo podemos caer en la cuenta de que vivimos bajo opresión? Como el ingreso no nos alcanza para subsistir, nos inducen a endeudarnos, en un yugo maligno de cautiverio infame y vicioso.

faustofeles1@yahoo.com.mx